Ir al contenido principal

Decálogo para no recuperar el peso perdido.


Las XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y V Jornadas Argentinas de Obesidad, que se ha desarrollado en Buenos Aires, e incluyeron un simposio específico sobre esta problemática: “Por qué recuperamos el peso: la biología detrás de la recaída”.

Bajar de peso suele ocupar el centro de la escena cuando se habla de obesidad. De hecho es el primer paso indispensable para poder modificar un estado de cosas. Sin embargo, existe una segunda parte del proceso de la que se habla menos y es seguramente el desafío más importante, no sólo en cuanto al beneficio individual, sino también en términos de salud pública: cómo sostener en el tiempo los resultados alcanzados.


La obesidad es una enfermedad crónica. “Tenemos que cambiar la idea de que el tratamiento termina cuando la persona llega al peso que se había propuesto. Ese descenso puede ser un logro enorme, pero a partir de allí comienza otra etapa que también requiere atención y que en realidad no tiene que ver con la disciplina del paciente sino con la biología de la enfermedad.


Si entendemos a la obesidad como una enfermedad crónica, el seguimiento y las estrategias para sostener los beneficios forman parte del tratamiento y no son un agregado opcional.

 

El hecho es que, tras el descenso de peso, el organismo puede desarrollar adaptaciones que favorecen su recuperación, como cambiar las señales hormonales vinculadas con el hambre y la saciedad. 


Un trabajo publicado en The New England Journal of Medicine mostró que varios de estos cambios hormonales y el aumento subjetivo del hambre persistían incluso un año después de perder peso.

La pregunta es, entonces, qué puede hacer una persona que perdió peso y quiere sostener los resultados. La evidencia científica y las recomendaciones clínicas permiten identificar esas claves.

 

Por primera vez los expertos de la sociedad científica decidieron confeccionar una serie de “10 mandamientos” para sostener el descenso de peso y, sobre todo, los beneficios para la salud obtenidos con el tratamiento. La lista va dirigida tanto a los pacientes como a profesionales de la salud y es la siguiente:

 

1- No “dar el alta” al que bajó de peso

El acompañamiento profesional continúa siendo importante una vez alcanzado el objetivo. Las consultas pueden espaciarse, pero mantener el seguimiento permite detectar precozmente cambios en el hambre, la conducta alimentaria, la actividad física, el peso o las condiciones de vida, y actuar a tiempo.




2- No hacer una dieta con fecha de vencimiento

Se trata de construir una alimentación sostenible. Las estrategias extremadamente restrictivas pueden producir resultados a corto plazo, pero ser imposibles de mantener en el tiempo. El objetivo es desarrollar un patrón alimentario equilibrado, flexible y compatible con la vida familiar, laboral y social, priorizando alimentos de buena calidad nutricional, carnes magras que aporten proteínas; frutas y verduras, que aporten fibras y otros nutrientes; lácteos que permiten incorporar grasas saludables y opciones que favorezcan la saciedad. No se trata de comer perfecto, sino de sostener una alimentación sana en la vida real.

 


3- No confundir “ruido alimentario” con falta de autocontrol

Algunas personas experimentan pensamientos frecuentes, persistentes o intrusivos alrededor de la comida, fenómeno denominado food noise o “ruido alimentario”. Cuando es intenso, genera malestar o interfiere con la vida cotidiana, debe ser conversado con el equipo tratante y no interpretarlo automáticamente como falta de autocontrol.

La contención del médico tratante es fundamental para reducir el "ruido alimentario". Foto: Shutt

4- No descuidar la masa muscular

El ejercicio aeróbico contribuye a la salud cardiovascular y al gasto energético, mientras que el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar la masa y la función muscular. La clave no es encontrar el ejercicio ideal, sino una actividad adecuada a la condición y las preferencias de cada persona que pueda mantenerse en el tiempo.

 



5- No vivir pendiente de la balanza

La clave es monitorear para detectar tendencias, pesarse periódicamente, registrar actividad física o prestar atención a determinados hábitos, algo que puede ayudar a reconocer cambios antes de que se transformen en una recuperación progresiva. El objetivo no es reaccionar ante cada fluctuación: el dato útil es la tendencia, no el número aislado de un día.



Obsesionarse con la balanza en lo cotidiano puede ser contraproducente. Foto: Shutter

6- No dormir poco y mal

Es una parte del tratamiento. Dormir poco o mal puede interactuar con el apetito, la actividad física y las decisiones alimentarias. Por eso, ante dificultades para sostener el peso, revisar la cantidad y calidad del descanso debe formar parte de una evaluación integral.

                        

7- No ignorar el contexto del paciente

Identificar el estrés y las barreras particulares de cada persona es importante. Cambios laborales, responsabilidades de cuidado, problemas económicos, determinados medicamentos, factores emocionales o un entorno que favorece la ingesta de alimentos de baja calidad nutricional pueden dificultar el mantenimiento. La pregunta no debería ser solamente “¿por qué dejó de cumplir?”, sino “¿qué cambió en su vida y qué necesita modificar ahora del tratamiento?”.

                    

8- No pretender un peso inalterable

Mantener el descenso no significa conservar exactamente el mismo peso todos los días. Las fluctuaciones son esperables. Lo importante es distinguirlas de una tendencia progresiva que se mantiene durante semanas o meses. Una recuperación parcial del peso no significa volver a empezar de cero, sino que puede ser una señal para consultar y actuar precozmente.

 
9- No depender de la fuerza de voluntad

Es necesario construir un entorno que ayude. La disponibilidad de alimentos, los horarios, las costumbres familiares, las oportunidades para moverse y el apoyo del entorno pueden facilitar o dificultar el mantenimiento. Planificar compras, disponer de alternativas adecuadas, organizar tiempos específicos para la actividad física y contar con apoyo familiar o profesional pueden contribuir a sostener los cambios.



10- No suspender la medicación

Si existe un tratamiento médico indicado, no suspenderlo simplemente porque se alcanzó el descenso. En quienes necesitan fármacos para tratar la obesidad, alcanzar el objetivo no implica necesariamente que haya llegado el momento de retirar la medicación. La duración debe evaluarse individualmente según eficacia, tolerabilidad, beneficios, riesgos y características clínicas de cada paciente. Como sucede con otras enfermedades crónicas, retirar una intervención que estaba controlando la enfermedad puede permitir que reaparezcan mecanismos que favorecen su progresión.


Resumen publicado del decálogo de Las XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y V Jornadas Argentinas de Obesidad.

 

Entradas populares de este blog

La OMS recomienda consumir sólo 25 gramos de azúcar al día

¡Bueno pues yo no tomo tanto! , es posible que no tomemos tanto azúcar de forma consciente pero hay una gran cantidad de azúcar escondido en los alimentos procesados y las bebidas gaseosas que ingerimos cada día , de hecho el 75% de la cantidad de azúcar que consumimos al día lo hacemos de  forma indirecta.  En el marco de una epidemia mundial de obesidad y diabetes, con eje en Estados Unidos y Europa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que es estratégico bajar el consumo de azúcares. En el 2002, la recomendación era que el consumo de azúcar debe representar menos del 10% de la ingesta calórica diaria, pero ahora se indica que si se reduce sólo al 5% se obtienen muchos beneficios adicionales. Lo que los especialistas de la OMS aconsejan es incorporar sólo 25 gramos de azúcar por día: aproximadamente 6 cucharadas de café. Cantidad difícil de conseguir en este momento en que se incorporan  azúcares a los alimentos procesados y en las bebidas, sobre tod...

Tipos de Sartenes y Revestimientos

DISTINTOS TIPOS DE SARTENES Y SUS RECUBRIMIENTOS En este artículo vamos a analizar los diferentes tipos de sartenes y sus recubrimientos, para ver cuáles son las más adecuadas para preparar nuestros alimentos . Al  cocinar en una sartén  no solo podemos contaminar el alimento con sabores extraños sino que también partículas tóxicas pueden desprenderse de esta y adherirse a la comida o pasar al aire si sometemos a la sartén a unas temperaturas demasiado altas.   1. Sartenes con teflón : estas son las que tienen un uso más extendido, pero no por ello son las más seguras o recomendadas, de echo no son ecológicas ni seguras. El teflón puede desprender gases nocivos a altas temperaturas y en él encontramos un subproducto denominado ácido perfluorooctanoico ( PFOA ) que ha resultado peligroso para la salud y el cual se relaciona con el cáncer, la infertilidad y trastornos inmunitarios; además resulta ser un elemento no biodegradable que sigue causando problemas...

El Melón y la Sandia : las frutas del verano .

El melón y la sandía : las frutas del verano. El melón y la sandía son las frutas más consumidas en los hogares españoles durante el verano, al concentrar ambas variedades el 16,3% del total de fruta fresca consumida y un 10,4% del presupuesto total gastado en este tipo de productos, tal como se desprende de los datos del "Panel de Consumo de Alimentación en el Hogar" que elabora el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM). ¿Como debemos comprarlas? 1.- Sandias . Si la compramos entera sabemos si está madura cuando la mancha de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo es de color amarillo cremoso. Una mancha blanca o verdosa indica que se recogió antes de estar madura por lo que el fruto estará pálido e insípido, la sandía es un fruto no climatérico por lo cual  ha de recolectarse cuando está totalmente madura. Un buen truco para elegir una sandía madura es golpearla con los dedos o las palmas de las manos ,  si suena a "hueco...